El estafador de cobre
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Autor: Fermín Beguerisse Hormaechea

Adorador masculino de pie, sumerio; Escultura; Escultura en piedra. Museo Metropolitano de Arte
La naturaleza humana es un equilibrio entre razón y emoción. A lo largo del tiempo, han cambiado las sociedades, pero no la búsqueda de poder, amor y significado. La historia es testigo de transformaciones, pero el corazón humano sigue latiendo con las mismas pasiones y es aquejado por males muy similares. La tablilla mesopotámica de Ea-nasir y el mensaje que oculta en escritura cuneiforme es prueba de ello. Esta es su historia.
Las estafas han existido desde que la humanidad tiene registro, y es que cuando el ser humano cede a los “atractivos” del mal puede ser muy creativo a la hora de explotar a su favor aspectos invariables de la naturaleza humana, tales como: la confianza, la codicia, el miedo y la esperanza. En nuestro caso, y gracias a la reclamación más antigua de la que se tiene registro en una tablilla mesopotámica, sabemos que el turbio comerciante de nombre Ea-nāṣir fue uno de estos hombres de baja calaña que solía estafar a sus pares en la antigüedad.
Hace unos 3770 años, un comerciante descontento llamado Nanni lanzó una letanía de quejas sobre una transacción realizada con Ea-nāṣir. “¡Te infligiré dolor!” Se puede leer con claridad en la tablilla, por lo que uno puede imaginar el descontento del cliente. La carta, dictada por Nanni, critica a Ea-nāṣir por haber prometido “lingotes de cobre de gran calidad” y no haber cumplido el trato. Es más, a la queja se añade el desprecio con el que supuestamente Ea-nāṣir trató a Nanni y a su mensajero cuando intentaron discutir la calidad del cobre. Solo recibieron un desdeñable:
“Si quieres llevártelos, llévatelos”, dijo Ea-nāṣir. “Si no quieres llevártelos, ¡vete!”.
Según el profesor Lloyd Weeks, de la Universidad de Nueva Inglaterra en Australia, el cobre mencionado por Nanni tenía un papel fundamental en la fabricación de objetos de uso diario, como herramientas, vasijas y cubiertos, lo que lo convertía en un bien valioso en la Mesopotamia de la Edad del Bronce. Es con este contexto que podemos entender la molestia de Nanni, quien no dudó en hacer frente a Ea-nāṣir diciendo:
“No aceptaré de usted cobre que no sea de buena calidad. Seleccionaré y tomaré los lingotes individualmente en mi propio patio, y ejerceré contra ti mi derecho de rechazo porque me has tratado con desprecio […] ¡Dado que me has despreciado,
te infligiré dolor!”.

Tablilla de Ea-nasir, en el Museo Británico
Ahora bien, ¿acaso Nani pudo haber exagerado? Es muy poco probable, pues resulta ¡que no era el único en quejarse de Ea-nāṣir! En el Museo Británico se pueden encontrar más pruebas de sus prácticas fraudulentas con respecto al comercio de cobre. Por ejemplo, en otra tablilla, alguien llamado Imgur-Sin le pide a Ea-nāṣir:
“[…] transferir buen cobre a Niga-Nanna [...]
¡Dale buen cobre, para que yo no me enfade! ¿No sabes que estoy cansado?”.
Desde la antigua Mesopotamia hasta la era digital, siempre ha habido quienes buscan aprovecharse de la confianza ajena y quienes, como Nanni, exigen justicia. Lo que cambia son los métodos, pero la esencia del fraude sigue siendo la misma: una danza entre la ambición, la incredulidad y la lucha por la honestidad.
Si llegaste hasta aquí, seguro eres de las pocas personas que sabe que lo más rico de la Historia está en sus recovecos. Seguramente eres un buen viajero y sabes que antes de subirse a un avión uno debe aprender a apreciar lo que verá en su destino. Si tienes un viaje en puerta nos gustaría ayudarte a ver los colores que se ocultan al que no se informa. Da clic aquí y descubre cómo podemos ayudarte.
Que la falta de curiosidad no decolore tu mundo, querido lector.

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